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5 de diciembre de 2020

Osos pardos en la Cordillera Cantábrica

El mes de agosto estuve en el Parque Natural de Somiedo (Asturias) en busca del oso pardo Ursus arctos aprovechando que es un buen momento para intentar observar a la especie en busca del fruto del pudio o de las primeras avellanas. 

Aunque fue una visita relámpago, con paciencia y a distancia con el apoyo del telescopio, pudimos disfrutar de un ejemplar entre la niebla el viernes 21 al atardecer y de tres ejemplares más, un macho adulto y una hembra con su cría del año, el sábado 22 por la mañana. Además se dejaron ver otras especies como gato montés, zorro rojo, corzo, rebeco cantábrico o ciervo rojo.

A continuación un vídeo con las observaciones de los osos pardos.


17 de noviembre de 2019

Celo oso pardo

El celo del oso pardo Ursus arctos acontece desde el mes de abril hasta el mes de junio, coincidiendo con la primavera. En esa época las hembras adultas entran en celo y los grandes machos adultos recorren sus amplios territorios en busca de hembras receptivas, dispuestas a aparearse. El ímpetu por transmitir su carga genética lleva incluso a los machos a matar a las pequeñas crías del año, para que su madre vuelva a entrar en celo, en un fenómeno conocido como infanticidio. Algo similar ocurre en otras especies de grandes carnívoros como el león. Estos episodios están bien documentados y de poco servirá a la desesperada madre intentar defender a sus crías del obstinado agresor. 

El pasado mes de mayo tuve la fortuna de localizar una pareja de oso pardo en celo, en un monte de la Cordillera Cantábrica. El enorme macho, con un característico collar blanco en la nuca, acompañaba en todo momento a la hembra, mientras se alimentaban en la ladera con vegetación herbácea. La observación, que duró algo más de una hora, concluyó cuando ya dando el Sol en la ladera ambos ejemplares descendieron hacia el bosque, donde se ocultaron.



2 de noviembre de 2019

Osos pardos jóvenes

Avanzada la primavera los jóvenes osos pardos de año y medio de edad se separan de sus madres al entrar ellas de nuevo en celo. Durante unos cuantos meses más los hermanos permanecerán juntos, hasta que definitivamente sigan caminos distintos. El pasado mes de mayo un par de hermanos recién emancipados, buscaban bellotas del pasado otoño en el suelo del bosque, en algún lugar de la población oriental de la Cordillera Cantábrica. Era el momento de aplicar todas las enseñanzas recibidas por parte de su madre. 



2 de diciembre de 2017

El oso pardo en la Cordillera Cantábrica oriental

Cuando comencé a salir al campo a comienzos de la década de los 90, ver uno oso en la población osera oriental era poco menos que misión imposible y no digamos ya verlo en Cantabria, donde su presencia era ocasional en algunos municipios de Liébana (Camaleño, Vega de Liébana y Pesaguero), en Polaciones o en la Hermandad de Campoó de Suso. Eran los peores momentos para el oso en la Península Ibérica y en particular para la población de la Cordillera Cantábrica oriental, que no superaba los 20-25 ejemplares. 

Un cuarto de siglo después, la población se ha ido recuperando lentamente, más rápido en la población occidental que partía de un mayor número de individuos. Por su parte la oriental ha duplicado sus efectivos (según datos oficiales), gracias en buena parte al aporte de ejemplares en dispersión desde el sector occidental. En el caso de Cantabria también se ha notado ese aumento poblacional, habiendo hoy en día presencia constante e incluso hembras reproductoras en Liébana, Polaciones y Hermandad de Campoó de Suso, habiéndose ampliado además en los últimos años su distribución a otros municipios con menos tradición osera en tiempos recientes, como es el caso de Tudanca, Rionansa, Lamasón, Mancomunidad de Campoó-Cabuérniga, Valdeolea o Valderredible. 


Hábitat osero en la comarca de Liébana (Cantabria).




Cabe destacar que en determinados años Cantabria se convierte en un lugar muy importante de alimentación para el grueso poblacional oriental, especialmente en un momento tan delicado como es el otoño, cuando necesitan comer abundantemente para superar con éxito el invierno y la hibernación, aquellos ejemplares que la realicen. Esto sucede ciertos años de abundancia de fruto seco (bellota o hayuco) en la cara norte de la Cordillera Cantábrica y ausencia de cosecha en la vertiente sur, algo que está sucediendo por ejemplo este otoño.

La pasada primavera realicé varias observaciones de la especie en la Cordillera Cantábrica oriental, a gran distancia y con ayuda de potente óptica, destacando una mañana en la que pude localizar un total de 4 ejemplares, algo que si me hubieran dicho hace años me hubiera costado mucho creer. A continuación un vídeo recopilatorio con las imágenes de estos ejemplares. 




Desgraciadamente las amenazas para la especie no han cesado y el número de casos de mortalidad vinculada a las actividades humanas es preocupante (envenenamientos, lazos, disparos por error en batidas de jabalí...). Sin ir más lejos el mes pasado resultó herido un oso pardo al ser confundido con un jabalí y recibir al menos un disparo en un monte de la Montaña Palentina. Da la casualidad de que hace pocos años un episodio similar acabó con otro oso herido en similares circunstancias y en dicha provincia. La mayoría de estos episodios de mortalidad no natural en la población oriental se han venido produciendo en el norte de Palencia, en la Reserva Regional de Caza de Fuentes Carrionas que además es Parque Natural, lo que sin duda pone en entredicho la compatibilidad de este tipo de actividad cinegética con la conservación del oso pardo. 

9 de junio de 2015

Un sendero muy transitado

El pasado día 4 de junio realicé un transecto por un sendero de la Cordillera Cantábrica, con el objetivo de localizar rastros de lobo ibérico Canis lupus signatus. Cual fue mi sorpresa al detectar además el rastro de un oso pardo Ursus arctos, cuyo tamaño de huellas se correspondía con un macho adulto.

Huella oso pardo



Excremento de lobo




Dicho sendero, que transcurría por una divisoria de aguas con buenas masas forestales a ambos lados, estaba muy transitado por la fauna. Además de oso pardo y lobo pude detectar los indicios de tejón Meles meles, marta Martes martes, zorro rojo Vulpes vulpes, corzo Capreolus capreolus, ciervo rojo Cervus elaphus y jabalí Sus scrofa. Junto al rastro del oso se podía ver también muy fresco el rastro de un tejón, en sentido contrario al del gran plantígrado.

Huellas de tejón (rodeada en rojo) y oso pardo en la misma fotografía. 




Huella de tejón




21 de abril de 2015

Oso pardo en la Cordillera Cantábrica

Con la llegada de la primavera la actividad del oso pardo Ursus arctos se incrementa en los montes de la Cordillera Cantábrica. Las osas salen de la osera con sus crías nacidas a comienzos de año, las hembras que parieron el año anterior vuelven a entrar en celo a partir de abril, los machos adultos buscan esas osas en celo y todos los ejemplares se alimentan con dedicación para recuperar las reservas energéticas perdidas durante el duro invierno. Así pues la primavera es uno de los mejores momentos del año para observar a esta especie, siempre con precaución y desde lugares donde no se moleste a este taxón tan amenazado.

Los atardeceres del pasado sábado 18 y domingo 19 de abril, he tenido ocasión de disfrutar con la observación de un macho adulto en una ladera por la que mostró bastante querencia. El sábado tan sólo durante poco más de 5 minutos, pero el domingo el encuentro duró algo más de una hora. 

A continuación unos vídeos y fotografías de ambos avistamientos.

Sábado 18 de abril




Domingo 19 de abril










1 de mayo de 2014

La vida en el hayedo

La primavera es un momento de cambio en la naturaleza, de resurgir, renacer y de nuevas energías renovadas. Desde Aves Cantábricas os presentamos este documento titulado "La vida en el hayedo", donde os mostramos a los habitantes de un hayedo Cantábrico a lo largo de 15 días de vídeos y fotos a través de la técnica de fototrampeo. Desde los más pequeños habitantes como son los micromamíferos hasta el imponente oso pardo. 




Secuencia exclusiva del oso pardo.




A continuación alguna de las fotografías obtenidas durante las grabaciones.












26 de agosto de 2013

Osos en la Cordillera Cantábrica

Estos tres últimos días estuve por la Cordillera Cantábrica en compañía de Silvia y Neco, buscando observaciones de oso pardo Ursus arctos en su hábitat natural. Llegamos a nuestro destino el jueves 22 con las últimas luces del día. Tras instalarnos y cenar, me acuesto temprano para madrugar al día siguiente y hacer la primera espera.

El viernes 23 me levanto aún de noche, para dirigirme a un punto de observación con buena visibilidad y desde el que intentar localizar al plantígrado. La noche concluye estrellada y con gran luz gracias a la Luna. Despuntando el alba empiezo a caminar ladera arriba y llegando ya al lugar elegido, escucho un animal en un claro entre las escobas y helechos. No llevaba linterna, tan sólo contaba con la luz de la Luna. Me detengo y descubro que se trata de un gran jabalí Sus scrofa, que al escucharme u olfatearme se pone alerta e incluso avanza tímidamente hacia mi posición. Después de darle una voz retrocede y se aleja,  perdiéndole de vista tras unas rocas. 

Instalo mi telescopio y llega otro observador procedente de Navarra. Juntos empezamos a prospectar las laderas y al poco tiempo, a eso de las 7:25h, aparece el primer oso pardo de los cuatro ejemplares que tendría ocasión de observar en estos tres días. Se trata de un individuo subadulto, aún con restos del collar propio de los ejemplares jóvenes y que se mueve en una pedrera junto a un hayedo. Al mismo tiempo, mi compañero de observaciones localiza otro oso más en otra ladera más cercana. También se trata de un subadulto, un macho de pelaje muy oscuro y al que estuvimos observando durante casi una hora, hasta que a las 8:22h cambió de valle, después de ascender por toda la ladera y recortar su silueta en cielo en la cumbre de la montaña, antes de desaparecer.

A continuación unos vídeos de este segundo ejemplar.






A las 9h recojo el material óptico con gran satisfacción, ya que no esperaba tener tanto éxito en la primera espera. Rebecos cantábricos Rupicapra pyrenaica parva y varias hembras de ciervo rojo Cervus elaphus completan el panorama faunístico. 





Tras un día caluroso, al caer la tarde regreso a la zona en busca de nuevas observaciones. Instalo mi puesto de observación a los pies de un hayedo y desde las 19:45h empiezo a prospectar la ladera que tengo frente a mi. Los rebecos pastan en las cumbres, mientras un zorro rojo Vulpes vulpes observa curioso desde el borde de la vegetación, el paso tranquilo de unas vacas. Poco antes de las 21h localizo muy cerca de la cumbre un nuevo oso pardo, que parece acaba de entrar desde el valle contiguo y que va descendiendo por la ladera. Se trata de una hembra, con un pelaje muy contrastado en el que destaca su rubia cabeza y sus negras patas delanteras. La observo mientras se mueve por el matorral y un canchal, perdiéndola de vista minutos después. Con esta nueva observación pongo fin a la jornada, tres osos en un día.

El sábado 24 amanece con un densa niebla en las montañas, incluyendo alguna llovizna. Decido pasar a la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, a una zona de brezales, pero tan sólo observo un corzo Capreolus capreolus y un aguilucho cenizo Circus pygargus. Buitres leonados Gyps fulvus y un par de ejemplares de culebrera europea Circaetus gallicus se dejan ver al mediodía posados en unas peñas y también en vuelo.

Por la tarde despeja la niebla y acudo en compañía de Silvia y Neco a realizar una nueva espera en un lugar accesible. Allí coincidimos con otros amigos como Toño Lastra, Óscar Llama, José Antonio, David, Marcos, etc. A pesar de la expectación, en esta ocasión no hay suerte y no aparece ningún oso, además de volver a echarse la niebla. Ya de noche, llegando al pueblo donde nos alojábamos vemos dos jóvenes zorros jugando en la carretera. Paramos y uno de ellos nos mira curioso desde la cuneta, antes de marcharse.

El domingo 25 amanece con el cielo despejado, aunque rápidamente se nubla, afortunadamente sin niebla. Nuevamente llego antes de que amanezca a mi puesto de observación y comienzo a prospectar con mi telescopio las laderas. Varios grupos de rebecos pastan en las cumbres, también dos hembras y una cría del año de ciervo rojo. Y a eso de las 7:56h algo se mueve entre los avellanos. Se trata de un nuevo oso, una hembra, que se mueve en una zona de pedreras y avellanos, acudiendo a comer a estos últimos. Incluso llega a encaramarse a uno de ellos en busca del apreciado fruto. Durante varios minutos observo sus evoluciones, a veces delatada únicamente por el movimiento de las ramas que agita para alcanzar los frutos. Aparece y desaparece entre la vegetación, hasta que finalmente la pierdo de vista.

A las 9:15h doy por finalizada la espera, con este bonito broche a estas jornadas y satisfecho con las observaciones realizadas. Mientras recogemos el equipaje en el coche, un abejero europeo Pernis apivorus pasa volando por encima nuestro a modo de despedida.

24 de noviembre de 2011

Oso pardo

El oso pardo Ursus arctos es una de las especies más emblemáticas de nuestra fauna y también de las más amenazadas, debido a la pérdida de hábitat de calidad para la especie y a la persecución que sufrió en tiempos pasados.





Es una especie de hábitos forestales (bosques boreales, caducifolios...) aunque en la Península Ibérica está asociado a regiones de montaña, debido también a que son los lugares mejor conservados dada su inaccesibilidad.


Se distribuye por buena parte de región Holártica, es decir, Eurasia y Norteamérica. En Europa se distribuye principalmente por los países del Este, siendo muy escasas y fragmentadas las poblaciones del Oeste, teniendo en los bosques boreales de Rusia su principal reducto.






En Iberia hace tiempo que esta especie quedó relegada a la Cordillera Cantábrica y en menor medida a los Pirineos, donde la especie estuvo a punto de desaparecer en tiempos recientes y fue necesario introducir ejemplares eslovenos (los más afines genéticamente), para reforzar la exigua población superviviente. Actualmente sobreviven allí una veintena de ejemplares.


En la Cordillera Cantábrica la especie quedó hace décadas aislada en dos poblaciones (occidental y oriental), aunque afortunadamente estas poblaciones han contactado en tiempos muy recientes, habiéndose registrado al menos un caso de reproducción (probablemente dos) entre machos de la zona occidental y hembras del sector oriental. Por ello, actualmente se habla de una única población dividida en dos sectores. Esta población está entorno a los 200 ejemplares.


El sector occidental, que se distribuye por buena parte del Suroeste de Asturias (Somiedo, Cangas del Narcea o Degaña), Noroeste de León (Alto Sil) y áreas limítrofes de Galicia (Ancares de Lugo) es el más abundante y el que ha mostrado una mayor expansión poblacional en los últimos tiempos. El número de osas con crías ha ido aumentando paulatinamente, hasta alcanzarse el récord de 18 hembras con crías en el año 2007.





Por su parte, la población del sector oriental de la Cordillera Cantábrica se distribuye principalmente por la Montaña Palentina y Cantabria (Liébana, Polaciones y Campoo), con algunos ejemplares, prácticamente todos machos, en la zona de Riaño, llegando al Sureste de Asturias de manera ocasional. Esta población sigue un ritmo mucho más lento de recuperación, después del mínimo histórico en la década de los 90 y actualmente hay entre 30 y 40 ejemplares, con una presencia anual de osas con crías de entre 2 y 3.


En el caso de Cantabria, la expansión poblacional y de distribución de la especie, es un hecho contrastado en las dos últimas décadas, con una mayor presencia en áreas como Liébana, Polaciones o Campoo, con movimientos de dispersión hacia otros lugares como Valderredible o Rionansa. En algunos momentos del año, principalmente en otoños de gran abundancia de comida en los montes cántabros, llegan a juntarse aquí más de la mitad de toda la población osera del sector oriental.




Esperemos que esta tendencia se consolide y la especie siga recuperándose, para que los montes Cantábricos no pierdan uno más de sus tesoros y el caminar por los senderos del bosque siga teniendo ese toque misterioso y salvaje, reflejado en la huella del oso, marcada en el barro del camino.

Fotografías y videos: Alejandro García Herrera.
Fotos y video de osos en la taiga: frontera de Finlandia y Rusia.
Resto de fotos: Cordillera Cantábrica.



15 de enero de 2011

Rastreando osos y lobos

Por unas causas u otras, hacía tiempo que no "pateaba" por el monte como a mí me gusta. Hoy por fin pude escaparme y dedicar la jornada a observar la variada fauna de nuestros montes y a rastrear la presencia de dos de las joyas de la cordillera Cantábrica, el Oso pardo y el Lobo ibérico.
Me acerqué hasta la comarca cántabra de Liébana, donde llegué cuando comenzaba a despuntar el alba. Aunque al mediodía el día sería totalmente primaveral, por la noche había helado, como lo atestiguaban los charcos helados y el suelo endurecido por el frío.

Comienzo a andar por el sendero, dentro del hayedo. Localizo un excremento de Lobo ibérico Canis lupus signatus compuesto por restos de Jabalí. A lo largo de la jornada vería un total de cuatro excrementos y el rastro de un ejemplar, el cual seguiría durante varios kilómetros.



Sigo avanzando, saliendo a un sector de pastizales y brezales, donde observo un macho de Ciervo rojo Cervus elaphus y otro macho de Corzo Capreolus capreolus.
Vuelvo a entrar en otra cabecera de hayedo, en donde detecto el rastro de un Oso pardo Ursus arctos que atraviesa el hayedo, saliendo a una braña contigua. En dicha braña le pierdo la pista, pero localizo en cambio el rastro de un Lobo ibérico, que a través de un cordal divisiorio, avanza durante varios kilómetros.





Durante este pasado otoño, al menos la mitad de la población cantábrica oriental de Oso pardo se ha movido por los montes de Cantabria, en busca de hayucos y bellotas. Incluidos también 3 hembras reproductoras con sus escañetos, con 1, 2 y 2 crías respectivamente. Aunque estamos en enero, la ausencia de nieve les permite seguir alimentándose sin problemas, por lo que muchos de estos Osos siguen en estos territorios.

Sigo caminando y observo más Ciervos y Corzos en brezales y hayedos y en unos prados a los pies del hayedo localizo un Zorro rojo Vulpes vulpes que finalmente se oculta en el bosque. Los Buitres leonados Gyps fulvus y Cuervos Corvus corax patrullan la zona en busca de comida.

Tras comer y reposar un poco en la solana, bajo una cajiga, comienzo a deshacer el camino andado. Localizo una pareja de Águila real Aquila chrysaetos realizando vuelo de exhibición sobre su territorio, típico de estas fechas en las parejas reproductoras. Ambos miembros de la pareja cierran las alas y caen en picado, para de seguido retomar el vuelo y elevarse nuevamente. Así estuvieron durante varios minutos brindando un bonito espectáculo. A un rato la hembra se posó en un roquedo, mientras el macho seguía con la exhibición. Finalmente se alejaron volando hacia otro sector.

En la zona donde detecté a la ida el rastro del Oso pardo, ahora hay un Picamaderos negro Dryocopus martius moviéndose por el interior del hayedo, mientras emite sus típicos reclamos. Más adelante, una pareja de Agateador norteño Certhia familiaris se alimenta en el tronco y ramas de un haya. Salgo del bosque y veo 2 Zorzales reales Turdus pilaris en un brezal. Durante el día había visto un par de grupos de Zorzal alirrojo Turdus iliacus en sendos sectores de hayedo.
En unas peñas que asoman entre las hayas, un Rebeco cantábrico Rupicapra pyrenaica parva vigila su entorno. Más adelante, ya cayendo la tarde, un grupo de Pinzones vulgares Fringilla coelebs se mueve por las copas de las hayas buscando seguramente un lugar seguro donde pernoctar. Entre ellos detecto varios Pinzones reales Fringilla montifringilla.

Y así llegó hasta el coche, cansado pero satisfecho con la jornada vivida, con la adrenalina a tope tras haber transitado por un bosque por donde se encuentra el Oso pardo y el Lobo ibérico.

17 de mayo de 2010

La Osa y los tres escañetos

A continuación la crónica de las andazas de estos últimos días, buscando y observando Osos pardos Ursus arctos por la cordillera Cantábrica, en compañía de Máximo Sánchez Cobo.

15.05.2010.

Llegamos a eso de las 20:30 h al primer lugar seleccionado para hacer una espera. Las condiciones climatológicas aún no son muy favorables, con niebla en las cumbres aunque ya ha cesado de llover y nevar. Eso sí, el frío es muy intenso, mucho más de lo que cabría esperar en pleno mes de mayo. Prospectamos el terreno en busca del plantígrado, aunque no tenemos éxito. Un Zorro Vulpes vulpes busca comida en un prado por debajo del bosque. En la misma pradería un Corzo Capreolus capreolus pastando y a media ladera, varios Rebecos cantábricos Rupicapra pyrenaica parva hacen lo mismo.

Se echa la noche y cenamos rápido para meternos al saco cuanto antes.

16.05.2010.

Nos despertamos a las 06:15 h, aunque tardamos un rato más en salir del saco, debido al intenso frío que hace, producto de una buena helada que ha caido por la noche. Tardaríamos en entrar en calor hasta el mediodía. El día amanece raso, sin apenas nubes.

Buscamos al Oso por las pedreras, por las brañas, por los claros del bosque, pero nada. Varios Rebecos en las cumbres y Corzos en los pastizales y brezales. También un Azor común Accipiter gentilis sobrevolando la zona. En un nevero encontramos las huellas de una Osa con dos crías del año pasado, que subían ladera arriba, seguramente para cambiar de valle.




Al mediodía decidimos irnos a otra zona, donde hacer una espera en la tarde. Tras reponer fuerzas con una buena comida, subimos a un collado donde echar una visual y seleccionar nuestro emplazamiento de atardecer. Un collado en el que el destino nos depararía una grata sorpresa a posteriori. Un Zorro campea por el claro de una ladera cubierta de brezales y escobales.

Decidido el emplazamiento, cambiamos al valle paralelo, en busca del Oso.

La tarde va cayendo, el Sol nos coge de frente y el contraluz no favorece en absoluto la búsqueda. Varios Escribanos hortelanos Emberiza hortulana amenizan la espera, al igual que una pareja de Aguilucho pálido Circus cyaneus. Mientras, en la osera no parece haber actividad.

A las 20:10 h, aún con una luz horrible, decido dejar a Máximo allí mirando y subir ladera arriba, para mirar el valle de atrás. Por el camino, un cercano Zorro que merodea por un sector desbrozado y una Perdiz pardilla Perdix perdix que marcha volando. Arriba, un excremento de Lobo ibérico delata la presencia del cánido salvaje. Monto el teles y observo dos Ciervas Cervus elaphus cuando recibo la llamada de Máximo, que está viendo una Osa con nada menos que tres escañetos. Y yo aquí arriba ¡¡¡. Desciendo a todo trapo por la ladera, con el teles al hombro, a tal velocidad que hubiera dejado atrás al mismísimo Asafa Powell.

Por fin llego y ahí están, los cuatro, una preciosa Osa y sus tres crías de este año, frágiles y jugetonas. Se encuentran junto al collado en el que estuvimos hace escasamente cuatro horas.
La luz ha mejorado bastante y podemos disfrutar con ellos, en una ladera con brezos, escobas y roquedos con algún claro. La Osa se va moviendo por la ladera, moviendo a las crías por lugares realmente difíciles de transitar. Aún así, éstas trepan ágilmente. Se suben a una roca, la madre prospecta la ladera, mientras ellas juegan y pasan por debajo de su tripa, asomando entre las patas de su madre. Siguen avanzando poco a poco hasta llegar al mismo punto en el que estuvimos Máximo y yo, donde la Osa levanta el hocico y ventea, no sabemos si al detectar nuestro olor o prospectando la otra ladera. El caso es que se dan la vuelta y avanzan de nuevo lentamente, por la misma ladera de siempre, llegando hasta unos roquedos y brezos, donde les dejamos ya sin luz, tras algo más de una hora de observación que nos dejó perplejos.

Se hace de noche y cantan la Ranitas de San Antonio Hyla arborea en una charca próxima.

Nos dirigimos hasta una cabaña de pastores cercana, para pernoctar y regresar al punto de observación al amanecer. Mientras hacemos un fuego en la chimenea y calentamos la cena, recordamos las vivencias de la observación.

17.05.2010.

Amanece despejado, nuevamente con frío, pero menos que ayer. Desayunamos, recogemos el material y nos dirigimos a intentar localizar a la familia de úrsidos. Llegamos al sitio, monto el teles y nada más enfocar en el punto que los dejamos ayer, ahí están los cuatro, increíble. Ahora sí que les vamos a disfrutar pensamos, ya que el sol les iba a dar de lleno. Y así fue, desde las 06:50 hasta las 08:50 h que se encamaron en unos brezos, estuvimos disfrutando de sus andanzas, con una luz impresionante. Durante todo el tiempo se movieron por un espacio reducido, la madre comiendo herbáceas y flores de una especie de margaritas, mientras las crías jugaban incansables, pegándose, trepando a un roble, subiendo por un árbol caído, empujándose contra los brezos, etc. La verdad que parecían de goma, porque se daban unos golpes buenos. A un rato la hembra se tumbó panza arriba y las tres crías se pusieron a mamar juntas, un espectáculo. Una de ellas tenía la cabeza muy clarita (¿una hembra?).

Y así estuvimos las dos horas, disfrutando de esta maravillosa observación, hasta que decidieron poner fin a sus andanzas y la madre les llevó hasta unos brezos donde se encamaron. Allí los dejamos mientras nos alejábamos con la retina llena de imágenes.

Os dejo a continuación un par de vídeos.





12 de mayo de 2010

Por la casa del Oso

Bueno, aquí va mi debut en el mundo de los blogs. Empiezo esta nueva aventura con la crónica de una jornada de campo por la comarca cántabra de Liébana, tras los rastros del Oso pardo y el Lobo ibérico.

25/04/2010

Llegamos Máximo Sánchez y yo poco después del amanecer a la comarca de Liébana. El objetivo, intentar localizar rastros de Oso pardo y Lobo ibérico, en una zona de habitual campeo para ambas especies. Para ello, nos separamos para cubrir diferentes sectores y poder así abarcar más terreno.

Sigo el eje de la cordillera, atravesando hayedos, brañas y áreas de matorral supraforestal (brezales y escobales).

La primera observación es de un macho de Rebeco cantábrico Rupicapra pyrenaica parva que sorprendo en una braña, y que no tarda en encaramarse a unas peñas calizas.

Los Aguiluchos pálidos Circus cyaneus se muestran muy activos durante toda la jornada, localizando un mínimo de 4 parejas en sectores de brezal. Una de las parejas reclamando en vuelo y entregando una presa el macho a la hembra.

Localizo también la presencia del Aguililla calzada Hieraaetus pennatus con dos ejemplares por separado, ambos de fase oscura. Más abajo, en el hayedo, un Picamaderos negro Dryocupus martius emite su característico reclamo de vuelo. También en el hayedo los Cucos Cuculus canorus parecen dar la bienvenida a la primavera, mientras que un bonito macho de Curruca rabilarga Sylvia undata se muestra en el espeso brezal.

Me adentro en una cabecera de hayedo, donde me recibe un Corzo Capreolus capreolus. Localizo aquí un rastro de escasos días de un Oso pardo Ursus arctos, un excremento entre la hojarasca y varias escarbaduras en el suelo No muy lejos, en el borde superior del hayedo, el rastro de un Lobo ibérico Canis lupus signatus en un sendero embarrado. Los dos señores de la cordillera Cantábrica cruzando sus caminos.


Cabecera de hayedo donde localicé el rastro del Oso pardo.

Avanzada la tarde me reencuentro con Máximo, en una cabaña de pastores, donde aprovechamos para merendar, antes de regresar hacia el coche entre la ya espesa niebla.